SECRETOS PARA UNA SALUD SUPERIOR
Sentarme
frente al mar, junto al faro en Biarritz, un pequeño pueblo al sur de la costa
francesa, me resulta siempre una experiencia de extraordinaria belleza plástica
con independencia de la estación del año, el estado climatológico o la hora del
día en que nos encontremos.
Con
cada atardecer y amanecer la
Naturaleza juega a ser artista, y lo hace empleando un
lenguaje no verbal que le sirve para expresar de forma rica y generosa los más
diversos estados, dotando así de un contenido, que podemos elevar a la
categoría de artístico, a su propia existencia.
Es
el regalo de la luz que tamiza bosques a mediodía, del agua al llegar a la
arena tiñéndola de un carmín de Garanza denso, de los miles de rojos, violetas,
naranjas o grises que colorean el cielo cada atardecer, tornándolo único e
irrepetible.
Ese
bello espectáculo logra estremecerme siempre y lo hace porque en su puesta en
escena me demuestra que la
Naturaleza , con cada gran o pequeña actuación, fluye sin
apenas estridencias, en silencio, sin oponer resistencias, siguiendo un orden
natural que poco parece entender de razones.
Por
eso, cuando reflexiono sobre la condición humana como psicóloga y artista, me
gusta establecer un paralelismo entre naturaleza y arte, entre condición humana
y arte.
Por
que si elevamos la existencia humana al nivel de obra de arte, estamos
ampliando los atributos de nuestra identidad como seres humanos y es entonces,
cuando nos convertimos en artistas, en artistas de nuestra propia vida.
No
nos referimos a un arte que bebe de las fuentes del mercantilismo, que entiende
la obra como producto final más o menos bello, fruto de una supuesta habilidad
o talento, sino de una concepción del arte esencial y naturalista que, por
tanto, recupera la capacidad creadora de todo ser humano y eleva la obra al
nivel de única en si misma.
Desde
esta perspectiva, el fin último de la obra y por tanto de nuestras vidas se
amplía, introduciendo dos dimensiones como son las de la estética y la
comunicación.
Una
estética que busca la esencia de nosotros mismos y amplía el concepto de percepción
más allá de lo fisiológico (táctil, visual, auditivo, olfativo, espacial, etc),
introduciendo el sentido de la forma, la búsqueda del equilibrio o la
percepción del tiempo, entre otros, y una comunicación que va más allá de lo
verbal, invitándonos a conectar con nuestras emociones. Y a través de ellas, con
el mundo de la intución y la introspección.
Así
como la Naturaleza
juega a ser artista y lo hace sin condicionamientos culturales, simplemente “se
permite ser” y fluye, de igual manera la expresión artística nos ofrece un
espacio donde “nos permitimos ser” y fluimos.
CRECIMIENTO CREATIVO
Una propuesta basada en arteterapia
¿Quien
no guarda el ritmo de una melodía, la belleza de una imagen, la intensidad de
un color, la armonía de una forma o la calidez de una textura, como algo
esencial en su memoria?
Y
es que, así como la naturaleza juega a ser artista a partir de su existencia,
que es dinámica y profundamente vital, también nosotros podemos jugar a ser
artistas de nuestra propia obra, nuestra vida, de forma proactiva y creativa,
conectando con nosotros mismos y los demás, fluyendo.
Sin
embargo, en un mundo cada vez más pragmático e individualista, nos estamos alejando
progresivamente de la naturaleza, de una forma de vida natural originariamente adaptada
al ritmo de las estaciones, de una
subsistencia basada en el crecimiento sostenido o de unas relaciones sociales
centradas, tanto en el compromiso con uno mismo, como con los demás.
Abrumados
ante la magnitud de estímulos externos y la primacía de los valores que impone
la cultura del “tener” en una sociedad postmodernista, tendemos a dejar en
segundo término parte de nuestro “ser”, de nuestra subjetividad.
Me
refiero a esa parte de nuestra identidad como personas más cercana a la intuición,
vinculada al mundo de las emociones y los afectos, lo irracional e interno,
imaginativo e incluso onírico, pero no por ello menos humana y necesaria para
poder conectar de forma más auténtica con nosotros mismos y los demás.
¿Pero
cómo podemos acceder a esa parte de nuestra identidad para conocerla mejor si parece
tan profunda, irracional e instintiva, que no puede ser comprendida ni explicada
con palabras?
Solicita el capítulo completo escribiéndome a dianainiesta@hotmail.com
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